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La Coctelera

15 Enero 2009

Al llegar a las puertas del edificio en estado semi ruinoso, comprobó que no hubiera nadie en recepción. A esas horas de la madrugada, el personal dejaba su puesto vacío con increíble facilidad, ya fuera para tomarse un café o para fumarse un cigarro. Nadie reparó en él, nadie vislumbró su rostro entre las sombras. Con paso decidido, se dirigió al ascensor más cercano y pulsó el botón con el número siete impreso en su superficie plateada. No le costó demasiado esfuerzo sortear la dudosa vigilancia de la celadora, y entrar a hurtadillas en la habitación setecientos doce. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir una cama de hospital vacía, con el gotero arrancado y escupiendo paulatinamente gotas de suero sobre las sábanas arrugadas. Su primera reacción se transformó de inmediato en alegría. El marido de Marina había decidido morir justo a tiempo, y por causas naturales. Y aunque no lo fueran, a él le importaba un bledo pues no había tenido nada que ver con aquella muerte.

Con el corazón latiendo a una velocidad nada aconsejada por los médicos a su edad, Oscar salió del edificio y llamó al primer taxi que se encontró en la salida. Esperaba ser el primero en darle la noticia a la mujer por la que probablemente estuviera perdiendo la cabeza.

15 Enero 2009

Agitó la correa que guardaba en un cajón del aparador y Lana comenzó a dar vueltas sobre sí misma y a ladrar enérgicamente. La acalló con un gesto contundente de su mano que no llegó a tocarla. No era cuestión de que a aquellas horas de la noche despertase a los curiosos vecinos de la finca.

La brisa era fresca pero no helada, y el cielo despejado mostraba una luna sonriente rodeada de unas pocas estrellas apenas visibles por la contaminación. Una noche estupenda, pensó. Lástima que
tuviera que emplearla en cometer un crimen.



Al dejar a Lana en casa, decidió acercarse al hospital a pie, para prevenir que su coche fuera visto a aquellas horas en aquel lugar. Le esperaba una buena caminata, posiblemente de unos cinco kilómetros, pero no le importaba. De esta forma contaría con el tiempo necesario para trazar un plan en su vieja sesera.







15 Enero 2009

- Muy bien, lo haré. En el caso de que me pillen, diré sin tapujos quien es la persona que me ha enviado a segar la vida de Jorge Juan.

- Me parece justo cariño. – Marina apagó el cigarrillo, se levantó del sillón de piel blanca y se acercó a él, contoneándose como una serpiente. Posó sus fríos y carnosos labios sobre los de él. Su aliento le recordó a Oscar el sabor de la muerte, quizá por ser ex-fumador y sentir en su paladar el efluvio amargo de la nicotina. Quizá.

Cuando llegó a casa, una perra color canela agitó el rabo entusiasmada y saltó sobre sus brazos. Afortunadamente para Oscar, su mascota Lana no era demasiado voluminosa y agradeció el cariño que le profesaba sin pedirle a cambio que matara a nadie. Le quedaban por delante unas tres horas largas para dirigirse al hospital donde Jorge Juan descansaba plácidamente. Antes, el rico magnate residía en una elitista clínica privada, pero los costes que ello le ocasionaba a Marina resultaron finalmente desorbitados. Oscar pensó que aquello le beneficiaria. En los hospitales públicos se cometían errores continuamente, errores fatales de los que sus causantes solían salir impunes.

15 Enero 2009

Una mujer como ella, que había pasado de largo los cuarenta hacía bastante tiempo, y que nunca se había visto en la necesidad de trabajar, albergaba pocas esperanzas de encontrar una tarea que desempeñar por la que le ofrecieran un buen sueldo con el que mantener su tren de vida. Oscar conocía todos aquellos detalles, y aún así, dudaba sobre el inmenso favor que Marina acababa de depositar sobre sus temblorosas manos.

- Oscar, no tienes por qué hacerlo si no quieres… - Marina, con una sonrisa tentadora dibujada en sus labios pintados, dejó caer la ceniza del cigarro a medio consumir sobre la superficie opaca del cenicero.

– Pero ya sabes lo generosa que puedo llegar a ser con las personas que se portan bienconmigo. La fortuna que heredaré después de que mi marido sufra el trágico accidente de esta noche la compartiré contigo encantada… obviamente, sólo si estás dispuesto a correr el riesgo que ello implica.

Una gota de sudor frío brotó de la frente del policía prejubilado, y descendió por las marcadas arrugas de su rostro casi anciano. Estaba seguro de que lo que decía Marina era cierto. De hecho, hasta hace bien poco él se había aprovechado de su situación económica sin que ella se lo reprochara en ningún momento. Pero los problemas siempre llegan cuando el dinero se acaba, y ahora a él le tocaba el turno de plantarles cara o echar a correr con el rabo entre las piernas

15 Enero 2009

Sus manos delgadas temblaban sobre su regazo. ¿Cómo no iba a temblar? Su amante, una mujer mucho más joven que él, de abundante melena negra azabache y con ojos turquesas como el mar, apenas contorneados por algunas leves arrugas de expresión cansada, acababa de pedirle que asesinara a su marido. Él, Oscar, un policía prejubilado, nunca había matado a nadie, ya que en su antiguo trabajo se limitaba a realizar tareas burocráticas, recoger pruebas y poco más.

Marina lo contemplaba tras una cortina de humo azulado que despedía el cigarrillo que sostenía entre sus dedos. Su mirada profunda, anhelante, aguardaba una respuesta del que había sido su amante durante los dos últimos años. Oscar conocía de sobra la situación en la que se encontraba la mujer sentada frente a él. Doce años atrás, su marido había caído en un profundo coma del que no quedaba ya esperanza alguna de que despertara. Gracias a un contrato matrimonial de separación de bienes, ella no tenía acceso a su fortuna mientras permaneciera con vida. Si no quería verse en la más ruin miseria, su inconsciente marido debía sucumbir ante la muerte; una muerte que por otra parte, le ofrecería una paz de la que no gozaba actualmente en su lamentable estado de vida suspendida.

15 Enero 2009

12 Diciembre 2008

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Mislata, España
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Montse N. Ríos. Destacó desde muy temprana edad en sus escritos, mostrando un alto nivel imaginativo y una gran locuacidad a la hora de narrar historias, llegando a publicar sus cuentos en revistas escolares. Su primera novela, "Terranova" ha sido publicada por la Editorial Nemira dentro de la colección Novelaria. Ahora Montse te ofrece este espacio para que leas su novela "Diamante Negro", un relato intrigante que se publicará por entregas cada mes en el periódico de Mislata MV7 y en este blog.